La intervención es el elemento
nuclear de todo proceso de enseñanza-aprendizaje.
Cualquier intervención parte de una evaluación previa,
a la que sigue un entrenamiento estratégico que finaliza con
una evaluación final, útil para contrastar la eficacia
de todo el procedimiento desarrollado.
En el ámbito educativo, la
evaluación trata de identificar inicialmente y de comprobar, finalmente,
el grado de las capacidades que los sujetos pueden desarrollar sobre unos contenidos
concretos. Por este motivo, la evaluación debe ser adaptada mediante ejecuciones
concretas. A partir de ahí, se ajusta la programación, la cual
debe estar estructurada en torno a objetivos de aprendizaje, con un diseño
de capacidades sobre contenidos, con el fin de poder hacerla flexible y adaptable
en cada momento. En este contexto, las capacidades identifican el proceso estratégico
que conviene poner en marcha; de ahí que hablemos fundamentalmente de
procesos estratégicos de comprensión (contenidos conceptuales)
y de aplicación (contenidos procedimentales). Ahora bien, en el rendimiento
académico, no sólo debe potenciarse lo intelectual, sino también
lo atencional y lo emocional. Por este motivo, además de hablar de estrategias
de comprensión y de aplicación, es preciso abordar estrategias
de atención y de autorregulación y control.
Para profundizar en estos temas, ver
más información sobre: Programación , Estrategias
de enseñanza-aprendizaje, Evaluación y Unidades
didácticas .
También se puede acudir a la siguiente bibliografía específica.
Álvarez L. et al. 2002. Diversidad con Calidad. Madrid: CCS.
Álvarez, L. et al.(1999). Intervención psicoeducativa . Estrategias
para elaborar Adaptaciones de Acceso . Madrid: Pirámide.
Rodríguez Neira, T.(Coord.)(2001). La Evaluación en el aula ,
2ª ed. Oviedo: Nobel .